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martes, 2 de septiembre de 2008

SUSANA, EL CORCHO, JORGE BORN Y GALIMBERTI

http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=10091



ESTOY HECHO UN DEMONIO


"Al complot lo empezaron Susana y Galimberti"


Grassi relacionó el escándalo del 0800 con las denuncias por abuso. Susana Giménez revela que le entregó al cura u$s700 mil. Gonzalo Sánchez.
Por Gonzalo Sánchez
02.09.2008




Es la primera vez que Grassi declara desde que se inició el lunes el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Criminal 1 de Morón. (Télam)
Fotografía de la nota
Es la primera vez que Grassi declara desde que se inició el lunes el juicio que se realiza en el Tribunal Oral Criminal 1 de Morón. (Télam)
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Julio César Grassi salió ayer a la puerta de los Tribunales de Morón y negó enfáticamente haber mencionado a Susana Giménez como cabeza de un complot que derivó en las denuncias por abuso sexual que hizo Telenoche Investiga. Pero fuentes judiciales presentes en la sala confirmaron a Crítica de la Argentina que la nombró por lo menos diez veces, que repasó el escándalo del 0800 que tuvo en 1998 con la diva de los teléfonos y con la empresa Hard Comunication –propiedad de Jorge Rodríguez, Rodolfo Galimberti y Jorge Born– y que concluyó su extenso monólogo con esta frase: “Éste es el origen de todo lo que me pasó a mí”. Llevaba consigo el libro Galimberti, de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, biografía del ex jefe guerrillero escrita por los periodistas Roberto Caballero y Marcelo Larraquy, y dijo mucho más, pero conviene repasar la historia para desmenuzar la ensalada que hizo el cura en su primer día de testimonio. En 1998, una abogada llamada Raquel Jaskelson descubrió que en su factura telefónica aparecían llamadas al número 0800 sin que ella las hubiera efectuado. Hizo la denuncia penal y a los pocos días se supo que el número correspondía a una línea abierta para un concurso en el programa de Susana y que los fondos recaudados por cada llamada, en gran porcentaje, debían ser destinados a la fundación Felices los Niños. La investigación judicial determinó que existía un convenio entre Hard Comunication –que había ideado el concurso–, Telefe y Grassi. El contrato establecía que Felices los Niños recibiría, durante ocho meses, un mínimo de 20 mil pesos y, como saldo final, alrededor del 20 por ciento de lo recaudado por ese juego. Pero como llegó mucha menos plata de la que el cura había calculado, el religioso se quejó (durante un programa emitido el 18 de agosto de 1998, en el que Susana se despachó con la pregunta: “Pero, padre, ¿usted quiere construirse un Sheraton?”.) y el escándalo saltó primero a los medios y luego a la Justicia. Ayer, durante su testimonial, el cura lo repasó en detalle y dijo que la denuncias por corrupción de menores que lo llevaron al banquillo guardan relación con este conflicto. Tras un extenso preámbulo sobre su vocación sacerdotal, contó que en 1997 le ofrecieron hacer un concurso en el programa de Susana. “Yo no estaba muy de acuerdo –expresó– pero quería ver cuánto quedaba para la fundación”. Agregó que entonces apareció con la propuesta concreta Jorge Rodríguez, pareja de la diva en ese momento, y que no firmó el contrato porque ellos querían darle un monto fijo que para él resultaba poco. Pero que finalmente llegaron a un acuerdo con Hard Comunication y que ese acuerdo no se respetó. Entonces, explicó, todo se puso denso: “Hubo una reunión muy caldeada con Rodríguez, a mí me quedó en la cabeza que tendrían que ser como 500 mil pesos para la fundación y comencé a reclamar”. Que después supo que estaba Galimberti metido en el negocio, reveló, y que cuando conoció al ex montonero estaba también Jorge Born. “Era raro verlos asociados”, contó. Grassi recordó el episodio del Sheraton y dijo que ese día, después del programa, Born lo increpó. "Me gritó como si fuera su hijo. Fue un momento muy duro. Y después todo pasó a la Justicia. Le digo al juez que me debían plata y entonces se abrió la investigación como estafa a la fundación. Eso enardeció a Galimberti y a Rodríguez", declaró el cura y narró que, a fines de 1998, Galimberti fue a verlo tres veces: “Me pidió llorando que no los meta presos,que lleguemos a un acuerdo”, dijo y confesó que tuvo miedo porque el ex guerrillero volvió a visitarlo pero con tono más firme. “En el medio de todas estas cuestiones, surgieron los primeros anónimos contra mí y la fundación. Al principio fueron desestimados por todo el mundo, hasta que aparecieron personas con unas inclinaciones más negativas”, dijo el imputado. “Después, en 1999, sobreseen a Susana y procesan a los demás. Rodríguez me pidió que salga a decir que era una injusticia, pero yo no lo hice”. El cura siguió: “A fines del año 2000, me mandan a decir que salió un libro sobre Galimberti en el que me nombran. Yo no le di importancia, lo llamé a Raúl Portal y él compró el libro y marcó una parte que podría tener que ver con todo esto. A mí esta situación me desbordó. Y por otro lado, Farinello me había advertido que Galimberti se iba a vengar porque le dolía haber perdido el negocio del 0800”. El acusado se tomó su tiempo para llegar al punto. “El primero de diciembre de 2000 me llama la recepcionista de la fundación refiriendo un llamado de la agencia de noticias DyN que me dice que hay unas denuncias muy graves contra mí en una fiscalía. Los anónimos dicen que maltrataban a los niños en la fundación (...). Al principio nadie las levantó, pero después pasó el resto”. Grassi usó toda la tarde para contar esta historia. Aunque luego manifestó que la audiencia se demoró por culpa del tribunal, lo concreto es que todo se dilató debido a que los abogados del religioso pidieron que se retiren de la sala dos de los chicos que denunciaron haber sido abusados. Al final de la jornada, se confirmó que habrá veedores en el juicio. Y Grassi dijo: “Si vienen, que lo hagan como público, pero no para presionar”.

domingo, 14 de mayo de 2006

EXXEL, NAVARRO, GALIMBERTI, Y LA CIA

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/05/14/z-03415.htm




SERVICIOS PRIVADOS DE INTELIGENCIA


Espionaje vipEl retorno de los agentes de la CIA y el Mossad a la Argentina


Tras la crisis del 2001, vuelven al país las agencias privadas de Inteligencia.

Las dirigen espías de EE.UU. e Israel ya retirados. Investigan fraudes y protegen a empresarios de secuestros y micrófonos indiscretos. ¿También hacen espionaje industrial? Cuánto cobran y cómo trabajan.

Gerardo Young

gyoung@clarin.comFrank Holder, Hen Harel, Ross Newland, David Manners, Ariel Seipfetz y más. Son nombres que poco o nada dicen a los argentinos. Se entiende, porque todos ellos trabajaron en nuestro país como agentes secretos de los servicios de inteligencia de Estados Unidos o Israel. Ahora se dedican a un negocio casi tan sigiloso como sus viejas misiones oficiales: el de las agencias de seguridad e inteligencia VIP, un mercado exclusivo para ricos y poderosos.Empresarios o multimillonarios, embajadas, empresas de alta tecnología o mercados sensibles como los aeropuertos, los bancos o los servicios de comunicaciones, conforman las carteras de clientes habituales de estas agencias internacionales, cuyo mercado parecía haberse desintegrado junto a la crisis del 2001 y ahora retorna con toda la fuerza. Según dicen en las propias agencias, la facturación total de este negocio tan particular ronda hoy los 25 millones de dólares anuales. Compiten por esa torta dos agencias de origen estadounidense (Kroll y Holder), más una de origen israelí (SIA) y una cuarta que está por entrar al mercado y que reúne al empresario uruguayo Juan Navarro con un ex delegado de la CIA en Buenos Aires (Ver Navarro...)."Nuestra experiencia no parte de hipótesis de conflicto, sino de conflictos reales", grafica Ariel Seifetz, director de Inteligencia de la agencia SIA, integrada por ex agentes del Mossad y otros organismos de Inteligencia y seguridad de Israel. Esa experiencia de hombres criados en conflictos bélicos de primer mundo, es lo que venden estas agencias para diferenciarse de las empresas de seguridad domésticas. Y se traduce en los trabajos que hacen: custodias personales para millonarios; investigaciones sensibles sobre inversiones; auditorías de seguridad; controles de hackers; rastreos de lavado de dinero; detección de micrófonos ocultos; y también, aunque no lo admitan, espionaje industrial y político. Se presentan como "Agencias o consultoras" de seguridad e investigaciones, pero estas empresas están pensadas y estructuradas como los servicios de espionaje: compran informantes; se filtran en bancos de datos oficiales y privados; roban la basura de sus objetivos para revisar sus papeles más íntimos; hacen seguimientos personales y también, en algún caso, interfieren teléfonos o colocan cámaras ocultas. "Las capacidades existen y están disponibles. Que se haga o no, depende de lo que pida el cliente y del límite que pongamos nosotros", admite el directivo de una de las agencias.Entre los servicios que reconocen en público, ofrecen estudios de mercado para empresas extranjeras y asesoramiento a empresas locales para ingresar en negocios desconocidos. También ayudan a los empresarios a saber si tienen empleados desleales, qué está pasando en el Congreso con leyes que pueden afectar sus negocios o a anticiparse a licitaciones públicas y futuras medidas de gobierno que puedan perjudicarlos. Con mayor sigilo, también hacen investigaciones sobre empresas rivales, para lo que acceden a sus balances y, en algún caso, hasta se meten en sus sistemas informáticos.Las auditorías son otra pata importante del negocio. En la última elección legislativa, de octubre del año pasado, uno de los principales candidatos contrató a una de las agencias para que controlara a todos los que iban a tener contacto con los fondos de la campaña. Ni el candidato pudo saber en qué consistía ese trabajo, pero incluyó la intervención de correos electrónicos y hasta la colocación de un falso militante entre los auténticos, para poder controlarlos de cerca.Los valores del mercado son elevados porque sus clientes tienen cómo pagarlo y también mucho para perder. Para custodiar a un empresario top y a su familia, pueden llegar a cobrar un millón de dólares al año, si incluye la vigilancia de sus propiedades y planes de contingencia ante secuestros extorsivos u otras situaciones de riesgo. Esa es una de las especialidades de SIA, la agencia israelí, cuyo director, Hen Harel, fue jefe de seguridad de las embajadas de Israel en Brasil y en Rusia.Un clásico de estos últimos años son las auditorías de los servicios de seguridad en empresas y en countries. Para esto, las agencias cobran no menos de 1.000 dólares por día de trabajo. Pero no es sólo cuestión de ir y criticar a los pobres vigiladores que pasan horas en la entrada de los barrios más top. Una de las agencias citadas en este informe, se mete sin permiso en los countries que la contratan, saca fotos de las casas desde el jardín y a las mujeres tomando sol al lado de la pileta. "La mejor manera de comprobar un sistema de seguridad es vulnerarlo", se justifican. Ninguna empresa admite que coloca micrófonos o cámaras ocultas, salvo para espionajes de fraudes dentro de las empresas que los contratan. Pero todas, eso sí, se dedican a quitarlos. Un servicio, que cuesta unos 5 mil dólares por mes, consiste en limpiar de aparatos espías las salas de directorio de las grandes compañías. Pero hay una lógica contra la que no pueden las desmentidas: si encuentran micrófonos, es porque alguien los puso antes. ¿Quiénes? Hay ejemplos. La firma Kroll, hoy en día la mayor agencia de detectives del planeta, en el 2004 fue denunciada en Brasil porque se detectó que había pinchado teléfonos y seguido de cerca a dos de los principales ministros del presidente Lula Da Silva. El jefe de investigaciones de Kroll argentina, Matías Nahon, aseguró a Clarín que ese incidente "marcó un quiebre en la historia de Kroll" y que por eso "ya no se hace nada vinculado a la política".Frank Holder, ex hombre de la CIA en Buenos Aires, fue el precursor de este negocio en el país desde Kroll y este año abrió su propia agencia, Holder International. En el 2001, fue denunciado por el diputado mendocino Gustavo Gutiérrez, ya que Kroll lo había investigado por un supuesto desmanejo con subsidios provinciales. Para él, son apenas gajes del oficio.Los espionajes no se admiten pero los hay a montones. ¿Y qué hace el Estado? Todas las agencias consultadas por Clarín coincidieron en que no hay controles serios. "Se nos controla a través de la AFIP, como a cualquier empresa, y como empresa de seguridad se nos exigen controles sobre el personal de seguridad. Pero sobre las áreas de consultoría o investigaciones no hay requerimientos", reconoce Holder y coincide Nahon, de Kroll. En ambos casos, aseguran que a ellos les convendría un mayor control, ya que en el mercado existen muchas microempresas dedicadas al espionaje, menos famosas y, quizá por eso, más impunes.Tanto Kroll, como Holder International como SIA, tienen en común que están formadas por capitales extranjeros, que tienen sedes en distintas partes del mundo y que sus padrinos son, siempre, ex espías nostálgicos de la Guerra Fría. Kroll fue hija de ex agentes de la CIA desocupados después de la caída del muro de Berlín. SIA es invento de ex agentes del Mossad y Holder emula esas historias con la suya propia. A estas empresas se les sumará en breve una cuarta, Dilligence, que compró recientemente el empresario uruguayo Juan Navarro y que administra Ross Newland, un "gringo" que fue delegado de la CIA en Buenos Aires.¿Por qué llegan estas empresas a la Argentina? Según Hen Harel, director de la israelí SIA, "en todos los países industrializados hay al menos dos o tres agencias de este tipo. La pregunta sería, ¿por qué no en Argentina?". Holder también ve razones de oportunidad: "Hay más liquidez en Argentina, más inversión interna y externa, y muchas empresas cambiadas y cambiándose de manos. Es un lindo mercado".Kroll se estableció en 1996 y desde entonces se quedó, gracias a que tiene mayor respaldo internacional. Según Nahon, durante la crisis sobrevivieron trabajando para afuera. "Fue un buen negocio porque los costos nuestros eran en pesos. A partir del 2003, ya se empezó a reactivar fuerte el mercado interno".La crisis había desplazado a al menos dos agencias de estas características. Una era Universal Control, propiedad de ex agentes de la CIA en sociedad con Rodolfo Galimberti, ahora dedicada a los negocios de software. La otra era Smith Brandon, de ex directivos del FBI, que no soportó el desmadre económico. Pero aquí están, otra vez. Con sus informantes a sueldo, sus equipos de espionaje y de contraespionaje, sus historias repletas de misterio, listos para seguir acumulando aventuras de esas que no se atreven a contar.

miércoles, 19 de agosto de 1998

JORGE BORN, EL PADRE GRASSI Y LAS DONACIONES

http://www.causagrassi.org/info.php/id/305

JORGE BORN Y EL PADRE GRASSI RESPONDIERON EN "HOLA SUSANA" SOBRE EL CASO DE LAS DONACIONES


Cómo tapar el escándalo con un gran show

El empresario Jorge Born apareció ayer en persona con Susana Giménez para decir que son calumnias las acusaciones de una estafa con las llamadas. Pero Grassi asegura que le deben plata.

Honor: "Se dijeron calumnias, se jugó con mi honor y con el de mis socios", aseguró Jorge Born al explicar por qué se presentaba en el programa.


Por Carlos Rodríguez
"Las falsedades y las calumnias hay que aclararlas." En un hecho por demás inusual, el empresario Jorge Born en persona, como presidente de la firma Hard Comunication, apareció en vivo en el programa de Susana Giménez. Lo hizo para calificar de "calumnia" un fallo judicial, difundido por la prensa, que sugiere que la firma repartió "sólo migajas de un total sumamente abundante" de dinero que se habría recaudado en el ciclo que se emite por Telefé con la excusa de ayudar a la Fundación Felices los Niños, presidida por el padre Julio Grassi. El cura también fue entrevistado por la diva pero nunca se cruzó, en cámara, con Born. Grassi, quien dijo a Página/12 que recibió "400.000 pesos del millón cuatrocientos mil" pesos que esperaba cobrar por participar en el concurso "Su Llamado". Durante la emisión dijo que no se sentía "estafado" porque "todavía no cobramos todo lo que teníamos que cobrar", dando a entender que la demanda sigue a pesar de algunos gestos de cortesía que deslizó durante el reportaje, desligando del problema a Susana Giménez y a su novio Jorge Rodríguez.
La entrevista con Grassi fue la primera de la emisión de anoche del programa, que se abrió con una Susana Giménez "horrorizada" todavía por el "loquero" que la recibió ayer en Ezeiza. A su regreso al país, procedente de Miami, decenas de periodistas la siguieron por todo el aeropuerto intentando, en vano, que hablara del escándalo que la envuelve junto con su novio, miembro del staff de Hard Comunication. Amable pero sin excesos, Giménez le preguntó a Grassi el motivo de "su disconformidad" y le presentó sus quejas por "el escándalo que armó al acudir a los medios que ahora nos están acosando".
"A mí no me acosan, me preguntan", aclaró Grassi, para luego refirmar que él esperaba "una suma mucho mayor" que la que recibió hasta ahora. En el segundo bloque del programa, cuando apareció Born acompañado por el director de comunicaciones de la empresa, Roberto Engels, el mítico empresario aseguró que a Grassi le pagaron "400.000 pesos cuando debíamos pagarle solamente 190.000, de manera que es mucho más de lo que en realidad le correspondía", aunque jamás explicó de dónde surge esa cifra.
Tanto Born como Grassi, siempre por separado, coincidieron en que el contrato, firmado en setiembre del año pasado, establecía que a la fundación le correspondía el 7 por ciento del total de lo recaudado por las llamadas que los teleespectadores hicieron durante varios meses al número telefónico 0939 1-2222. Por tratarse de un concurso con fines benéficos, esas llamadas se cobran a razón de tres pesos cada una, en lugar de los 45 centavos habituales. El padre Grassi, según datos que le habrían sido aportados previamente por voceros de Hard Comunication, suponía una recaudación total de 20 millones de pesos, por la acumulación de llamadas desde setiembre de 1997 hasta mayo pasado.
Por eso esperaba 1.400.000 pesos, no los 400.000 que recibió y mucho menos los 190.000 de los que habló Born en el programa de ayer. El presidente de Hard en ningún momento precisó cuál fue el monto recaudado, de manera que es imposible determinar cuál es la suma que corresponde. Born aseguró que mañana (por hoy) "todos los números (se refería a la recaudación y a los montos que se pagaron en premios, publicidad, etc.) van a aparecer publicados en los diarios", supuestamente a través de una solicitada. Anoche fue imposible entablar un diálogo telefónico con los representantes legales de la firma, cuyos celulares estaban apagados, para recibir información de esas cifras.
Engels dijo que desde setiembre del año pasado se han pagado "más de 6.200.000 pesos en premios" y descalificó cualquier intento de estafa por medio de lo que calificó como "una forma de colecta moderna", a través de los concursos telefónicos. Grassi, cuyas conversaciones fueron sobre todo con Rodríguez y con Engels, dijo que todavía esperaba más dinero "ya que me dijeron que todavía no se hizo el recuento total de lo recaudado".
Durante su charla con Susana Giménez se advirtió un gran esfuerzo, de ambos, por guardar las formas. "Yo quiero decir que usted no tiene nada que ver con esto y quiero decirle a los hijos de Jorge Rodríguez que su padre no es un estafador", dijo el padre Grassi, a quien se notaba nervioso. Previamente, la diva había dicho que el concurso que sale al aire en su programa "surge de un acuerdo entre Telefé y la firma Hard Comunication", cuyo staff está integrado también por el ex jefe montonero Rodolfo Galimberti. "Todos saben que yo no tengo nada que ver, mi relación contractual es con Telefé", insistió varias veces la Giménez para lavar su imagen ante el público que sigue su programa.
Con ironía, la conductora trató de poner en aprietos al padre Grassi. Cuando el sacerdote comentó que necesitaba la plata para construir un hogar para niños, Giménez le preguntó sarcástica: "¿Pero que quiere hacer, otro Sheraton?". El comentario surgió luego de que Grassi admitiera que ya había invertido buena parte de los 400.000 pesos recibidos y que necesitaba "otros 600.000 pesos" para concluir las obras.
Jorge Born, a su turno, admitió que nunca va "a ningún lado" (en realidad se refería sólo a los medios de comunicación), pero que esta vez se vio obligado porque "se dijeron calumnias, se jugó con mi honor y con el de mis socios". El juez Fernando Cubas investiga una posible "estafa a la fe pública" y una eventual evasión de impuestos por parte de la empresa involucrada en la causa.

lunes, 14 de octubre de 1996

JORGE BORN, GALIMBERTI Y EL SINDROME DE ESTOCOLMO??



http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1996/10/14/mundo/172096.html


MUNDO



Reconciliación a la argentina
Un secuestrado y su secuestrador, socios millonarios 20 años después

JUAN IGNACIO IRIGARAY

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CORRESPONSAL

BUENOS AIRES.- Un poderoso empresario y su secuestrador se reencuentran 20 años después y terminan siendo colegas y socios en los negocios. Explicación: Argentina «is different».

El multimillonario se llama Jorge Born, tiene 62 años, y es uno de los dueños de la multinacional Bunge y Born, que factura 11.000 millones de dólares al año (casi billón y medio de pesetas) y colocó a su gerente como ministro de Economía de Argentina, en 1989.

Completa la singular pareja Rodolfo Galimberti, alias «El Tano» de 49 años. Fue el tercer jefe en importancia de Montoneros, grupo armado peronista (populista) de izquierdas de los años 70, que se convirtió en la guerrilla urbana más fuerte de Sudamérica.

Como los ricos de toda la vida, Born siempre guarda un discreto segundo plano. No le gusta figurar y protege su intimidad. En cambio, Galimberti quiere trepar y no disimula. Fanfarrón, hortera y de verbo fácil, se cree un elegido.

Ambos compartieron durante nueve meses una llamada «cárcel del pueblo», en la cual Montoneros tuvo cautivo al empresario. Allí quedaron preñados del «síndrome de Estocolmo», es decir el amor secuestrador-secuestrado o víctima-verdugo.

En 1974, un comando guerrillero raptó en Buenos Aires a los hermanos Juan y Jorge Born. En la acción fueron asesinados un gerente y un chófer del «holding». El par de hermanos terminó en el sótano de una casa «liberada» por la guerrilla.

Inmediatamente empezó a negociarse el rescate. Juan se enfermó y pronto fue liberado ante el riesgo de que muriera. El jefe de los guardias era Galimberti y siempre le advertía a Jorge: «Si usted no me obliga, no voy a tener necesidad de hacerlo», se refería, sutil, el hombre, a apretar o no el gatillo.

RESCATE.- El 20 de junio de 1975 el secuestrado volvió a su casa. Bunge y Born había pagado a los jefes montoneros un rescate de 60 millones de dólares (7.500 millones de pesetas) y 1,2 millones (125 millones de pesetas) más en alimentos repartidos por villas miseria (chabolas) de toda Argentina.

Montoneros, creada a instancias del tres veces presidente de Argentina, Juan Perón (1946-52, 1952-55 y 1974-75), invirtió entonces 5.600 millones de pesetas en Cuba, que prometió pagar intereses cada mes para solventar la lucha armada.

Pero las Fuerzas Armadas frustraron el sueño guerrillero de la revolución y el socialismo. En 1976 dieron un golpe militar y, terrorismo de Estado mediante, aniquilaron todo rastro de oposición política. Incluidos los 5.000 combatientes de Montoneros, que desaparecieron en el mar arrojados vivos desde aviones militares.

Convencido de que «soldado que huye sirve para otra guerra», Galimberti se había marchado antes a Francia con parte del dinero del secuestro, por supuesto. A Born tampoco le sentaban los aires marciales de los centuriones y optó por irse a Sao Paulo, la capital industrial de Brasil.

Pasaron los años y con el regreso del peronismo al poder, de la mano de Carlos Menem en 1989, Galimberti y Born volvieron a Buenos Aires. La común adhesión al menemismo neoliberal y neoconservador los sorprendió en la misma acera política.

Así pues, en un encuentro en el hotel Lancaster, del centro bonaerense, Galimberti manifestó arrepentimiento y pidió perdón. Born asintió sin dejar de sonreír. «Lo que obtuve de él -confesó luego el primero- fue una actitud generosa al concederme su perdón personal y cristiano».

Claro que, además de eso, Born también le concedió un trabajo. Al principio de asistente y hombre de relaciones públicas, para luego hacer algunos pinitos en temas de seguridad personal y como contacto con la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side).

Hombre de negocios al fin, Born utilizó a Galimberti en una estrategia de recuperar una parte de aquel fabuloso rescate de 60 millones de dólares. Según varios medios periodísticos no le fue mal y últimamente ha recuperado la cuarta parte de aquel tesoro perdido.

Alguna secreta complicidad une ahora a estos dos hombres, en una madeja de intriga, pasión y dinero. Algunos piensan que urden planes políticos para el posmenemismo. Ellos no dicen ni sí, ni no. Born calla, Galimberti irrita.

«Hago y compro cosas que antes no podía hacer ni tener -vocifera-, pero yo preferiría ser más pobre y vivir en un país más rico. ¿O se piensan que a mí me gusta andar con el Porsche y ver a chicos que se mueren de hambre?».

Pies de foto

EL SECUESTRADO.- Jorge Born tiene 62 años y es el dueño de una multinacional Argentina. Multimillonario discreto, ha sabido utilizar las habilidades de Galimberti para recuperar parte del rescate que pagó a Montoneros por su libertad.

EL SECUESTRADOR.- Rodolfo Galimberti, alias «El Tano», tiene 49 años y fue el «número tres» de Montoneros. Fanfarrón y «trepa», huyó de Argentina tras el golpe de Estado de 1976. Regresó 13 años más tarde y pidió perdón al millonario.