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domingo, 22 de noviembre de 2009

LOS NEGOCIOS DE TORNQUIST Y LA GUERRA FRIA ENTRE ARGENTINA Y CHILE






Tornquist

  • La primera fase: 1880-1914
La pugna Tornquist-Zeballos
Ernesto Tornquist (1), representante de la casa Krupp en Buenos Aires, trabajó tenazmente en favor de un caro programa de armamentos. Pero su influencia en el gobierno fue disminuyendo a medida que sus amigos se iban alejando de la escena política. Carlos Pellegrini había muerto y su otro poderoso amigo, Julio Argentino Roca, había abandonado la función pública. Para colmo de males, Tornquist tuvo en Estanislao Zeballos a un enconado enemigo, y éste, como se sabe, ejerció una gran influencia en el gobierno argentino hasta mediados de 1908 como ministro de relaciones exteriores del gobierno de José Figueroa Alcorta. Mientras Zeballos impulsó una política de rearme naval de orientación antibrasileña, Tornquist, opuesto a la compra de nuevos acorazados que llevaría inevitablemente a una carrera suicida con Brasil, difundió en el Congreso la idea de limitar los armamentos y llegar a una suerte de tratado para equilibrar las fuerzas de las escuadras de la Argentina, Brasil y Chile (2).
    Como consecuencia de la declaración de guerra entre Zeballos y Tornquist, Krupp se encontró en una posición sumamente incómoda. Sus operaciones en la Argentina estuvieron fuertemente amenazadas por la vehemente oposición de su agente Tornquist al ministro de relaciones exteriores Zeballos, quien contaba además con el respaldo de los ministros de guerra e interior. Zeballos comenzó a ejercer una poderosa presión en contra de su enemigo hacia fines de 1907. En 1908, el entonces gravemente enfermo Tornquist -quien falleció en junio de dicho año- reaccionó apoyando a las facciones opositoras al gobierno durante la campaña electoral de los miembros del Congreso, y firmando un manifiesto público en el que se protestaba por el cierre temporario del Congreso decretado por el presidente. Zeballos a su vez aumentó la presión. Como consecuencia de estos incidentes, luego de consultar con el secretario de Estado de asuntos extranjeros alemán, Krupp von Bohlen-Halbach cortó los vínculos de su firma con el agente local Tornquist. Desconcertado, el último persistió en la idea de remover a Zeballos de su cargo en el gobierno -lo que en efecto ocurrió en el mes de junio- a través de una campaña periodística lanzada con un artículo publicado en La Nación en marzo de 1908 (3).
  • NOTAS
1.       Ernesto Tornquist nació en Buenos Aires en diciembre de 1842. Hijo de Jorge Pedro Ernesto Tornquist, nacido en Baltimore pero proveniente de una familia de medianos comerciantes de la ciudad alemana de Hamburgo. El padre de Ernesto Tornquist se desempeñó como cónsul de la ciudad libre de Bremen en Montevideo, ejerció el comercio de importación en Buenos Aires y participó activamente en la Masonería llegando a ostentar el grado 33 del rito escocés. En 1856 Ernesto Tornquist fue enviado a estudiar a Alemania. Dos años después, retornó a Buenos Aires para trabajar como despachante de Aduana en la casa comercial que dirigió su cuñado, Altgelt, Ferber y Cía. Esta casa comercial fue una firma que se dedicó a la exportación de lanas y cueros y a la importación de maquinaria agrícola; tenía su origen en la fundada en Buenos Aires en 1828 por un renano, Carlos Alberto Bunge. Tras la muerte de Bunge, esta empresa fue reorganizada bajo la dirección de su sobrino, Adán Altgelt, el cuñado de Ernesto Tornquist. En 1874, Tornquist pasó a conducir la firma que adoptó por entonces la denominación de Ernesto Tornquist y Cía., la cual se vinculó con comerciantes de Amberes, cuyos aportes de capital permitieron la diversificación de la empresa. Ernesto Tornquist comenzó a invertir en saladeros y frigoríficos, y adquirió tierras en Santa Fe, Entre Ríos y fundamentalmente en territorio ganado al indígena. En la década de 1880 las actividades de Tornquist se expandieron notablemente: entre otros emprendimientos, creó en Rosario la gran "Refinería Argentina", de azúcar, y también se hizo sentir su presencia en el saladero "Santa Elena" de Entre Ríos. Salió indemne de la crisis de 1890, y en 1891 rehabilitó la firma de Sansinena con su frigorífico "La Negra" del Riachuelo e hizo surgir la planta de "Cuatreros" en Bahía Blanca. No fue ajeno a la pesca de la ballena en las islas Georgias -por medio de la Compañía Argentina de Pesca-, ni a la búsqueda de petróleo en Mendoza, la explotación de quebrachales en Santiago del Estero y la radicación de capitales belgas para la construcción del ferrocarril del norte de Santa Fe. Para llevar a cabo esta gigantesca tarea contó con colaboradores, varios de ellos de origen germano o directamente de nacionalidad alemana, tales los casos de Theodoro de Bary, Jacobo Kade, Víctor y R. Lynen, y Máximo Hageman. Al solicitar a Baring y Rothschild la mediación británica en el conflicto limítrofe argentino-chileno, Ernesto Tornquist jugó un rol crucial en las negociaciones previas a los Pactos de Mayo de 1902, que evitaron el estallido de una guerra entre los gobiernos de la Argentina y Chile. Asimismo, se opuso tenazmente a la política belicista del canciller Zeballos, procurando un arreglo tácito de limitación de armamentos navales entre la Argentina, Brasil y Chile. Ver detalles biográficos de Ernesto Tornquist en el artículo de Fernando M. Madero, "Ernesto Tornquist", en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo, (comp.), La Argentina del Ochenta al Centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980, pp. 628-631 y 634-637.
2.       W. Schiff, op. cit., p. 451; F. Madero, op. cit., pp. 636-637.
3.       GFM, A 3102, Waldthausen-For. Ministry, Feb. 28, 1908; Vanguardia, 20 de marzo de 1908, p. 1; La Nación, 19 y 21 de marzo de 1908, pp. 6 y 7, respectivamente; La Tribuna, 21, 23, 26, 28 y 30 de marzo de 1908; pp. 4 y 5 para el número salido el 28 de marzo y p. 4 para los demás ejemplares; El Tiempo, 19 y 21 de marzo de 1908, p. 1, fuentes citadas en W. Schiff, op. cit., p. 451.
Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.






 ¿Quién era Tornquist? Nació en Buenos Aires en 1842, de padre nacido en Baltimore, USA, hijo a su vez de inmigrantes alemanes, que a su vez habían llegado a Hamburgo provenientes de Suecia, y que probablemente en algún momento fueron judíos. Ernersto Tornquist era católico, y quizás masón. Hizo una carrera meteórica en la sociedad argentina, a partir de los negocios de su padre y las relaciones familiares de su madre criolla. Estudió en Alemania, país al que siempre se mantuvo vinculado, y muy joven tomó las riendas del negocio familiar, proyectándolo en una gran escala. En 1890 ya era el banquero más importante de Buenos Aires, y desde entonces hasta su muerte en 1908, se convertiría en el demiurgo de la economía argentina. Consiguió representar a los Rothschild (ingleses y franceses), al Deutsche Bank, al Banco de París y los Países Bajos, a Morgan, en suma, a toda la élite financiera internacional con intereses en Argentina. Aun así, su actividad no se limitó a la banca, también fue empresario y desarrolló importantes negocios en la agroindustria, estancias, molinos harineros, ingenios azucareros y otros. Fue odiado, aún por la prensa que pagaba: no tenía estilo social, escribía mal y era abrupto en sus consideraciones, presionaba demasiado y no se disculpaba nunca.

 Esa paz llegó en 1901, con el auxilio de Su Santidad y de Lord Rothschild, y la colaboración más modesta de Tornquist. Una vez firmados los Pactos de Mayo, Roca, envió al Congreso el proyecto de unificación de la deuda, elucubrado por el banquero alemán.


domingo, 14 de mayo de 2006

EXXEL, NAVARRO, GALIMBERTI, Y LA CIA

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/05/14/z-03415.htm




SERVICIOS PRIVADOS DE INTELIGENCIA


Espionaje vipEl retorno de los agentes de la CIA y el Mossad a la Argentina


Tras la crisis del 2001, vuelven al país las agencias privadas de Inteligencia.

Las dirigen espías de EE.UU. e Israel ya retirados. Investigan fraudes y protegen a empresarios de secuestros y micrófonos indiscretos. ¿También hacen espionaje industrial? Cuánto cobran y cómo trabajan.

Gerardo Young

gyoung@clarin.comFrank Holder, Hen Harel, Ross Newland, David Manners, Ariel Seipfetz y más. Son nombres que poco o nada dicen a los argentinos. Se entiende, porque todos ellos trabajaron en nuestro país como agentes secretos de los servicios de inteligencia de Estados Unidos o Israel. Ahora se dedican a un negocio casi tan sigiloso como sus viejas misiones oficiales: el de las agencias de seguridad e inteligencia VIP, un mercado exclusivo para ricos y poderosos.Empresarios o multimillonarios, embajadas, empresas de alta tecnología o mercados sensibles como los aeropuertos, los bancos o los servicios de comunicaciones, conforman las carteras de clientes habituales de estas agencias internacionales, cuyo mercado parecía haberse desintegrado junto a la crisis del 2001 y ahora retorna con toda la fuerza. Según dicen en las propias agencias, la facturación total de este negocio tan particular ronda hoy los 25 millones de dólares anuales. Compiten por esa torta dos agencias de origen estadounidense (Kroll y Holder), más una de origen israelí (SIA) y una cuarta que está por entrar al mercado y que reúne al empresario uruguayo Juan Navarro con un ex delegado de la CIA en Buenos Aires (Ver Navarro...)."Nuestra experiencia no parte de hipótesis de conflicto, sino de conflictos reales", grafica Ariel Seifetz, director de Inteligencia de la agencia SIA, integrada por ex agentes del Mossad y otros organismos de Inteligencia y seguridad de Israel. Esa experiencia de hombres criados en conflictos bélicos de primer mundo, es lo que venden estas agencias para diferenciarse de las empresas de seguridad domésticas. Y se traduce en los trabajos que hacen: custodias personales para millonarios; investigaciones sensibles sobre inversiones; auditorías de seguridad; controles de hackers; rastreos de lavado de dinero; detección de micrófonos ocultos; y también, aunque no lo admitan, espionaje industrial y político. Se presentan como "Agencias o consultoras" de seguridad e investigaciones, pero estas empresas están pensadas y estructuradas como los servicios de espionaje: compran informantes; se filtran en bancos de datos oficiales y privados; roban la basura de sus objetivos para revisar sus papeles más íntimos; hacen seguimientos personales y también, en algún caso, interfieren teléfonos o colocan cámaras ocultas. "Las capacidades existen y están disponibles. Que se haga o no, depende de lo que pida el cliente y del límite que pongamos nosotros", admite el directivo de una de las agencias.Entre los servicios que reconocen en público, ofrecen estudios de mercado para empresas extranjeras y asesoramiento a empresas locales para ingresar en negocios desconocidos. También ayudan a los empresarios a saber si tienen empleados desleales, qué está pasando en el Congreso con leyes que pueden afectar sus negocios o a anticiparse a licitaciones públicas y futuras medidas de gobierno que puedan perjudicarlos. Con mayor sigilo, también hacen investigaciones sobre empresas rivales, para lo que acceden a sus balances y, en algún caso, hasta se meten en sus sistemas informáticos.Las auditorías son otra pata importante del negocio. En la última elección legislativa, de octubre del año pasado, uno de los principales candidatos contrató a una de las agencias para que controlara a todos los que iban a tener contacto con los fondos de la campaña. Ni el candidato pudo saber en qué consistía ese trabajo, pero incluyó la intervención de correos electrónicos y hasta la colocación de un falso militante entre los auténticos, para poder controlarlos de cerca.Los valores del mercado son elevados porque sus clientes tienen cómo pagarlo y también mucho para perder. Para custodiar a un empresario top y a su familia, pueden llegar a cobrar un millón de dólares al año, si incluye la vigilancia de sus propiedades y planes de contingencia ante secuestros extorsivos u otras situaciones de riesgo. Esa es una de las especialidades de SIA, la agencia israelí, cuyo director, Hen Harel, fue jefe de seguridad de las embajadas de Israel en Brasil y en Rusia.Un clásico de estos últimos años son las auditorías de los servicios de seguridad en empresas y en countries. Para esto, las agencias cobran no menos de 1.000 dólares por día de trabajo. Pero no es sólo cuestión de ir y criticar a los pobres vigiladores que pasan horas en la entrada de los barrios más top. Una de las agencias citadas en este informe, se mete sin permiso en los countries que la contratan, saca fotos de las casas desde el jardín y a las mujeres tomando sol al lado de la pileta. "La mejor manera de comprobar un sistema de seguridad es vulnerarlo", se justifican. Ninguna empresa admite que coloca micrófonos o cámaras ocultas, salvo para espionajes de fraudes dentro de las empresas que los contratan. Pero todas, eso sí, se dedican a quitarlos. Un servicio, que cuesta unos 5 mil dólares por mes, consiste en limpiar de aparatos espías las salas de directorio de las grandes compañías. Pero hay una lógica contra la que no pueden las desmentidas: si encuentran micrófonos, es porque alguien los puso antes. ¿Quiénes? Hay ejemplos. La firma Kroll, hoy en día la mayor agencia de detectives del planeta, en el 2004 fue denunciada en Brasil porque se detectó que había pinchado teléfonos y seguido de cerca a dos de los principales ministros del presidente Lula Da Silva. El jefe de investigaciones de Kroll argentina, Matías Nahon, aseguró a Clarín que ese incidente "marcó un quiebre en la historia de Kroll" y que por eso "ya no se hace nada vinculado a la política".Frank Holder, ex hombre de la CIA en Buenos Aires, fue el precursor de este negocio en el país desde Kroll y este año abrió su propia agencia, Holder International. En el 2001, fue denunciado por el diputado mendocino Gustavo Gutiérrez, ya que Kroll lo había investigado por un supuesto desmanejo con subsidios provinciales. Para él, son apenas gajes del oficio.Los espionajes no se admiten pero los hay a montones. ¿Y qué hace el Estado? Todas las agencias consultadas por Clarín coincidieron en que no hay controles serios. "Se nos controla a través de la AFIP, como a cualquier empresa, y como empresa de seguridad se nos exigen controles sobre el personal de seguridad. Pero sobre las áreas de consultoría o investigaciones no hay requerimientos", reconoce Holder y coincide Nahon, de Kroll. En ambos casos, aseguran que a ellos les convendría un mayor control, ya que en el mercado existen muchas microempresas dedicadas al espionaje, menos famosas y, quizá por eso, más impunes.Tanto Kroll, como Holder International como SIA, tienen en común que están formadas por capitales extranjeros, que tienen sedes en distintas partes del mundo y que sus padrinos son, siempre, ex espías nostálgicos de la Guerra Fría. Kroll fue hija de ex agentes de la CIA desocupados después de la caída del muro de Berlín. SIA es invento de ex agentes del Mossad y Holder emula esas historias con la suya propia. A estas empresas se les sumará en breve una cuarta, Dilligence, que compró recientemente el empresario uruguayo Juan Navarro y que administra Ross Newland, un "gringo" que fue delegado de la CIA en Buenos Aires.¿Por qué llegan estas empresas a la Argentina? Según Hen Harel, director de la israelí SIA, "en todos los países industrializados hay al menos dos o tres agencias de este tipo. La pregunta sería, ¿por qué no en Argentina?". Holder también ve razones de oportunidad: "Hay más liquidez en Argentina, más inversión interna y externa, y muchas empresas cambiadas y cambiándose de manos. Es un lindo mercado".Kroll se estableció en 1996 y desde entonces se quedó, gracias a que tiene mayor respaldo internacional. Según Nahon, durante la crisis sobrevivieron trabajando para afuera. "Fue un buen negocio porque los costos nuestros eran en pesos. A partir del 2003, ya se empezó a reactivar fuerte el mercado interno".La crisis había desplazado a al menos dos agencias de estas características. Una era Universal Control, propiedad de ex agentes de la CIA en sociedad con Rodolfo Galimberti, ahora dedicada a los negocios de software. La otra era Smith Brandon, de ex directivos del FBI, que no soportó el desmadre económico. Pero aquí están, otra vez. Con sus informantes a sueldo, sus equipos de espionaje y de contraespionaje, sus historias repletas de misterio, listos para seguir acumulando aventuras de esas que no se atreven a contar.